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DE LA BRIGADA SECUNDARIA A LOS CORDONES INDUSTRIALES

Lunes 17 marzo 2008

"A los constructores de hoy"

¿acaso no podriamos plantear como hipótesis que Allende se suicidó, cuando se dió cuenta que había contribuido a llevar la lucha del pueblo chileno a un callejón sin salida?- Horror?-, estamos ,hartos de los necrófilos y otros necrófagos, que presentan la historia de lucha del pueblo chileno y del movimiento revolucionario, como una sumatoria de cadáveres -más o menos heroicos, haciendo arqueología justamente para dejar enterrada la historia viva de la lucha del pueblo. Es de esta historia viva, de la que se pueden sacar enseñanzas, es de lo que escribe "el Ronco".

Juan delaPlaza

Entrevista a Guillermo Rodriguez en el Mostrador, el 2 de febrero 2008.

-  Lo escribo porque hay una disputa respecto a la historia y por lo menos tengo que decir algo sobre una serie de sucesos que muchas veces se han olvidado, ocultado, tergiversado. Y lo que estoy tratando de introducir, es la lectura que tenía la izquierda revolucionaria de la época, pero como quedamos hecho pebre obviamente esa lectura fue barrida.

¿Qué lectura es esa?
-  Por ejemplo se viene instalando en la sociedad el hecho de que la violencia política en la Unidad Popular correspondió exclusivamente a la izquierda. ¡Mentira! A mí me tocó participar de la estructura de información del MIR donde hacíamos trabajo de inteligencia y veíamos cómo la derecha junto a la DC y el Partido Nacional actuaban para impedir el triunfo de Allende y todos los hechos de violencia que eso generaba: atentados, descarrilamiento de trenes, bombas.

Además, está el mito instalado por la izquierda de que los del MIR somos víctimas, el mito de los pobrecitos. Eso no es cierto. Nosotros nos preparábamos y la mayoría de las organizaciones tenía un desarrollo de una línea militar específica y no éramos pobrecitos. Estábamos conscientes de lo que estábamos viviendo.

Bríndis en la cárcel pública-1992 - 37.1 KB

Bríndis en la cárcel pública-1992
¿Y hay otro tipo de mitos?

-  Sí. Hay mitos que también conllevan al fetichismo. Por ejemplo, está el fetichismo de que los responsables de toda la violencia y lo que ocurrió son las Fuerzas Armadas de Pinochet. Claro, son los que hicieron la tarea, pero los que estaban detrás eran la clase dominante, los verdaderos dueños de este país. De esta forma, se construye una lectura de la historia unilateral fácil para digerirla rapidito donde hay buenos y malos. Y se acabó. Además, se habla del golpe de Estado como un proceso de quiebre del modelo de la UP y, por lo menos yo, afirmo que desde junio ya estaba dado, con un retroceso de masas, con una ley de control armas, con allanamiento en los cuarteles, en las industrias.

¿Y te diriges a algún sector específico para haga eco de este libro?
-  A los constructores de hoy. Cuando relato la historia voy narrando las fases de desarrollo que tuvo el MIR. Explico cómo es posible que haya crecido de 20 pelagatos a 10 mil o 15 mil integrantes en un par de años. Qué problemas de conducción existieron, qué problema con la línea estratégica, con la conducción orgánica.

Por ejemplo, a través de la historia el relato se torna de repente casi kafkiano, como cuando no podíamos permitir que hubiera una disputa violenta entre una facción de la UP reformista que acusaba al MIR de contrarrevolucionario... O hechos que son casi desconocidos, como cuando el MIR se retiró del GAP y nos llevamos todo el armamento con un grupo de compañeros, entonces por algunos días el Chicho (Allende) estuvo sin ninguna seguridad.

Otro punto es cómo enfrentó el poder militar el MIR, disputa que puede parecer medio en abstracto, pero que en ese momento tenía que ver con la realidad. La discusión era ¿cómo se responde un golpe militar? ¿Con insurrección de masas, con repliegue, a qué apuestas tú? Disputas que tienen que ver con la praxis política, y finalmente el relato de por qué no pasó nada cuando llegó el golpe. Porque si has hecho tanta cosa para prepararte y cuando finalmente viene no se produce un enfrentamiento, hay que tener una explicación.

¿Y cuál sería la explicación?
-  Había dos o tres cosas que ya estaban instaladas en la sociedad, como el retroceso de masas, que era profundo y venía de dos o tres meses antes del golpe. Segundo, que la noción de defensa de la UP era una noción de respuesta mediante la insurrección, cuando desde el punto de vista teórico en ninguna parte del mundo la insurrección ha sido una estrategia defensiva, sino que ofensiva.

Y en tercer lugar hay un tema que tiene que ver con la información: Allende ya había acordado abdicar, ya que había decidido convocar un plebiscito y por lo tanto la apuesta que hace el MIR en ese momento es que “ya sonó este período prerevolucionario, vamos a entrar en una nueva fase, recojamos todo”.

Así, se asumió que entraríamos a un período nuevo dado por esta nueva realidad. Aunque ese no era el pensamiento de la totalidad del MIR, nosotros decíamos que el golpe era irreversible pero donde manda capitán no manda marinero. Y la decisión política erró. De hecho, ya no estábamos acuartelados ni esperando nada.

El 13 de Marzo de 2008 se presentó en la sede de la CUT el libro “DE LA BRIGADA SECUNDARIA A LOS CORDONES INDUSTRIALES”, escrito por Guillermo Rodriguez

“Confieso yo, que siendo militante del MIR, a mi regreso me integré a la Resistencia Popular y recibí la tarea privilegiada de aportar en un frente concreto: la lucha armada. Y para mi propio orgullo, mi Partido me destinó a la vanguardia del pueblo, a las milicias de la Resistencia. Porque para la Resistencia está claro que la dictadura se sostiene apoyada sólo en el poder de las armas de las Fuerzas Armadas. Y es por eso que luchamos por desarrollar una fuerza popular, que sea social, política y militar, porque sabemos que sólo construyendo el ejército de la Resistencia , superior al de las FFAA, lograremos derrocar a la dictadura. Es por ello que elegimos desarrollar la guerra revolucionaria, porque ello nos permite luchar en todos los frentes. Legal y clandestino. Con la propaganda y las armas. Porque mediante la guerra revolucionaria vamos desarrollando, en pequeños combates, nuestras fuerzas para ir alcanzando el desarrollo de muchas fuerzas, uniendo al pueblo, organizándolo para que luche hoy por sus derechos, pero que se capacite, al mismo tiempo, para los combates decisivos. Me declaro culpable de ser un miliciano y de estar absolutamente convencido que sólo la guerra del pueblo nos hará libres. A ello me dediqué el escaso tiempo que permanecí libre en Chile. Desarrollando las milicias populares, que no son otra cosa que grupos de obreros, estudiantes, campesinos, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, que toman las armas para hacer efectivo el derecho a rebelión.”

Escrito por Guillermo Rodríguez hace 30 años, en el contexto de su defensa ante el Consejo de Guerra de la dictadura pinochetista en Chile que se le seguía por luchar en la Resistencia Popular como militante del MIR

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, MIR, entre 1965 y 1973 fue sinónimo de edificación de poder popular, acción directa, reivindicación de la lucha armada, guevarismo (en su clave anticapitalista y antiimperialista a la vez), crítica resuelta al reformismo de las izquierdas tradicionales de la época, y la definición de los pobres del campo y la ciudad como sujetos de transformaciones profundas. El MIR fue, entre muchas cosas, la constelación orgánica de diversos grupos de inspiración revolucionaria para la toma del poder y la construcción del socialismo en Chile. En este caso, el precio de la rebeldía organizada fue altísimo. Desde los primeros momentos de la dictadura militar, el MIR fue el objetivo de exterminio prioritario del pinochetismo; es decir, del gobierno golpista de la burguesía aliada al imperialismo norteamericano. Más de 700 militantes, hombres y mujeres, pagaron con su vida la convicción y la práctica de la lucha más definitiva contra el capital. Miles fueron torturados, miles fueron exiliados. Guillermo Rodríguez es un sobreviviente del MIR. Una autoridad ética incuestionable para el conjunto de la izquierda chilena. A los 16 años ingresó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria; a los 19 era parte de la guardia personal del Presidente Salvador Allende. Aportó a la formación del poder popular en el cordón industrial Cerrillos-Maipú en los últimos tiempos de la Unidad Popular Guillermo Rodríguez, el “Ronco” (por un envenenamiento que sufrió por agentes del Estado que dañaron para siempre su garganta y capacidad vocal), participó en la resistencia armada desde el mismo 11 de septiembre de 1973; estuvo preso en el Estadio Nacional, y exiliado en Canadá desde donde regresó a Chile a cumplir tareas partidarias como responsible de las milicias de resistencia popular en Santiago. Luego sería hecho prisionero nuevamente. Autor de la novela “Hacia el final de la partida”, el jueves 13 de marzo, en la sede de la Central Unitaria de Trabajadores como una forma de homenajear al legendario forjador de la unidad de los trabajadores chilenos, Clotario Blest- lanzó su último texto “De las Brigadas Secundarias a los Condones Industriales”, un libro que retrata su participación personal en el período más alto de la luchas de clases en Chile, por un lado, y donde realiza un balance propio de la historia del MIR hasta el golpe de Estado de 1973.

A salón repleto y con la presencia de Manuel Vergara, padre de tres revolucionarios chilenos asesinados por el Estado en sus luchas por la emancipación de los pobres, el texto fue presentado por un compacto de panelistas significativamente pertinentes para el evento.

LAS PALABRAS DEL AUTOR Finalmente, fue el propio Guillermo Rodríguez quien selló el lanzamiento de su libro destacando los objetivos del relato histórico y biográfico.

“Elegí la sede de la CUT para presentar mi libro, porque, más allá de la mirada crítica que se pueda tener de lo que hoy es la CUT , es y sigue siendo una instancia importante de los trabajadores. La historia de la experiencia del MIR antes y durante la experiencia de la Unidad Popular puede haber sido resuelta en un balance colectivo, pero eso ya no es posible. Yo decidí, entonces, “tirarme al agua”, dar la cara, y con este texto, meterme a las patas de los caballos. Sobre todo porque en este tiempo parece estar pasado de moda, estar desfasado cuando se habla de historia. Yo escribí este libro porque “estoy pegado” con el pasado. Y estoy pegado a compañeros que nos interpelan, nos preguntan, y uno va caminando y en una esquina se los encuentra. Y se acuerda que allí hicimos un “punto”, y que en esa calle levantó una barricada, y pasa por otra calle y se acuerda que allí asesinaron a fulano. Y ocurre que en Chile, ya los perfiles de los compañeros se van diluyendo, borrando, desapareciéndose para la historia del pueblo. Aún van quedando algunos mitos. En el mejor de los casos, se les reconoce como “víctimas de la represión”, y se les despoja de sus ideas y de su proyecto. Pero aquí está el “Guatón Renato”; esto es lo que decía “El Santo”. Y como soy porfiado, he querido traer a través del relato a estos populáricos. No me interesa traer aquí a los dirigentes, muchos de los cuales hoy son renegados, grandes empresarios. Prefiero hablar de los que estábamos haciendo la pega abajo, en la base, en la militancia. Uno está aburrido de leer la historia contada por otros. Porque muchas veces se escribe sin relación a la realidad que vivimos los que estábamos haciendo la construcción en terreno. Estoy aburrido de que nos falsifiquen la historia, la mitifiquen, que oculten pedazos vitales de esta historia.

Porque hoy están escribiendo una historia de la reconciliación, “masticable” por todo el mundo, donde no existe la lucha de clases, ni violencia, ni sujetos populares. Y en esta historia oficial, también ocurre que, por ejemplo se pone de “malo” a Pinochet, encubriendo y lavando a toda una clase social, a toda la articulación social y política que estuvo detrás del golpe de Estado. Por eso la actual idea de la política está basada en “el arte de los consensos”, de “lo posible”, donde, en realidad, se niega a la política como la síntesis de las contradicciones de clase y sus expresiones. Y además ha comenzado a surgir una historia sobre los movimientos sociales, poniendo a un lado a los actores políticos, como si fuera todo espontáneo. Importa rescatar los proyectos políticos. También me interesaba escribir este trabajo porque, a partir de las derrotas, las nuevas generaciones de constructores comienzan a conocer la historia de manera tergiversada y sin profundidad. Estas visiones, para mí, son parte de una operación de la clase dominante, a escala planetaria, para ahondar la derrota. ¿Quién puede negar la crisis ideológica que hoy vivimos? ¿Quién puede negar los grados de confusión que hoy existe en la izquierda? ¿Quién puede negar la dispersión en la que nos encontramos? ¿Quién puede negar que nos falta un proyecto común que nos convoque a todos para golpear juntos? Hoy incluso, es posible escuchar que la clase obrera ya no es la clase motriz de las transformaciones, y que hay buscar otros sectores, cuando basta leer los diarios nada más, para darse cuenta que son los trabajadores quienes están empujando la lucha. Entonces yo decidí contar mi experiencia. Rescatar toda esta historia, en el sentido de aquello que nos pueda servir para la construcción hoy. La idea es aportar a cuestiones no resueltas, como la edificación de un proyecto político, reconstruir fuerza social revolucionaria, resolver el problema de identidad de clase, poner al pueblo al centro del quehacer político y no a la “vanguardia”, a la “organización”, al “grupito”. Atender las dinámicas del pueblo y su maduración. En fin, recoger lecciones de la historia.

Estoy convencido que sí podemos construir fuerza social revolucionaria, que sí podemos construir proyecto propio, que no podemos contentarnos con sólo ser vagón de cola de los intereses de otros sectores. Ya podemos decir que en Chile no hay burguesía progresista alguna. Nosotros, como pueblo, vamos a estar sometidos una y mil veces a la contradicción que es fundamental: reforma o revolución. Con mi libro quise entregar “pistas” a los compañeros que construyen hoy. Y evoco las discusiones que hubo al interior del MIR sobre cuestiones estratégicas. Que si la lucha será a través de una insurrección, o guerra popular o guerra popular prolongada. Temas que tienen que ver con el poder. En el último tiempo hemos venido escuchando a quienes dicen que el MIR era “pura pequeña burguesía”. Otros dicen que estábamos “locos”. Otros declaran que, además de locos, nos hicimos parte de la “cultura de la muerte”. Entonces también escribo el libro para decir que estoy orgulloso de haber participado en el MIR. Me siento orgulloso de haber sido parte de un pueblo en lucha. Y por eso este libro relata a una generación “aperrada”, generosa, honesta, limpia, clara. Pero muchos ensucian esa generación con su propio cambio personal. Es la hora de sembrar unidad y construir un pueblo en lucha.”

Forum
26 de marzo de 2008 > DE LA BRIGADA SECUNDARIA A LOS CORDONES INDUSTRIALES
Guillermo:identificada con tu vision de la historia, considero que es un gran aporte a la discusion, me llama la atencion que por lo menos en este foro no nos expresemos, asi que a los que leen PoderPopular los invito a ocupar este espacio.Un abrazo,Rosario.
Pueblo en lucha - http://www.poderpopular.org